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 Plaza del Raval de Sant Josep de Onda.

Plaza del Raval de Sant Josep

 
Ubicación: Plaza del Raval de Sant Josep. Onda
Arquitectos: Juan Miguel Gil (CEL-RAS Arquitectura S.L.), Pasqual Herrero (el fabricante de espheras)
Director de obra: Juan Miguel Gil (CEL-RAS Arquitectura S.L.)
Promotor: Ajuntament d’Onda
Superficie: 4.400 m2
Presupuesto: 425.000 €
Año proyecto: 2012
Año construcción: 2013
Fotografías: Paula Martinez Borredá

El proyecto urbano de la Plaza del Raval de Sant Josep se encuadra dentro de un plan de recuperación de espacios urbanos del centro histórico de Onda (Castellón). Se trata de una actuación de micro-urbanismo que ha tratado de reactivar social y espacialmente un área en decadencia debido fundamentalmente al crecimiento urbano en otras áreas de la población en las últimas décadas.

Un Raval (arrabal en castellano) era originariamente una agrupación de casas fuera de las murallas. El Raval de Sant Josep se debe a este origen, desarrollándose a extramuros de la medina de Onda, siendo este espacio una necrópolis musulmana entre los siglos XI-XIII, como así lo atestiguan diferentes excavaciones arqueológicas efectuadas. Entre los siglos XIX-XX, con la pujanza industrial de cerámica, se desarrolló la imagen del Raval que ha llegado a nuestros días, formando un espacio irregular y salpicado de edificios de estilo modernista, reflejo de una incipiente burguesía industrial y terrateniente.

En los años 1960 el Raval tenía una estructura de parque clásico en parterres con vegetación a cota de suelo y una fuente en el centro de los caminos de tierra.

Los problemas que se detectaron en la fase del concurso fueron: exceso de tráfico rodado, desnivel de la plaza, zonificación extrema, falta de unidad, obsolescencia de preexistencias, ausencia de verde y arbolado, abundancia de aparcamientos, e improvisación de las instalaciones.

En general, se podía resumir que existía una falta de orden y criterio que hacía de esta plaza un lugar inhóspito para esparcimiento y disfrute en el centro de la población, sin ninguna función que favoreciese socialmente este espacio.

Además de todo lo anterior, el concurso determinaba un condicionante importante debiendo tener en cuenta la celebración de espectáculos taurinos de calle conocidos como “bous al carrer” de gran tradición en el levante y otros muchos actos de carácter polifuncional.

El proyecto ha pretendido mejorar la calidad urbana de la plaza mediante reorganización de la coexistencia entre peatón y vehículos, y dotar de flexibilidad en los nuevos usos de la plaza.

El espacio urbano de la plaza tiene una geometría irregular, por lo que no se percibía como una plaza sino como un vacio urbano. Para contrarrestar esa irregularidad percibida se pensó en aportar un criterio que dotase de orden y proporción. Se optó por un diseño de líneas paralelas que tratan de controlar el espacio urbano mediante el ritmo continuado.

Para conseguir unificar todas las fachadas se aplicó el concepto de “plataforma única” por el que se cedió el protagonismo a las históricas fachadas a través de un pavimento neutro de color oscuro.

El proyecto también ha tratado de poner en valor la capilla de Sant Josep que estaba arrinconada en el extremo sur de la plaza. Con la intervención se ha tratado de dotarla de un espacio libre en su fachada para mostrar su presencia, ya que es de pequeñas dimensiones y casi pasa desapercibida en la plaza.

Para evitar la sensación de desamparo producida por un espacio abierto tan extenso se proyectó un elemento arquitectónicamente potente que ordenase dicho espacio y que generase una percepción centrífuga, aportando con su escala el equilibrio entre lo lleno y lo vacío. Además este elemento arquitectónico tiene un recinto polivalente que ya se ha usado como biblioteca, local de juegos y talleres, así como de escenario para diversos actos en la parte descubierta. Como revestimiento se ha usado baldosas de cerámica de colores neutros (negro y blanco) que le aportan neutralidad y sobriedad a esta construcción. El color negro brillante que reviste el interior, lejos de crear un límite, refleja las fachadas del frente creando la sensación de continuidad del contorno de la plaza.

Un reto importante del proyecto era la inclusión de vegetación en la plaza del Raval. Había que hipotecar la presencia de verde en beneficio de un espacio polifuncional y apto para las fiestas taurinas tradicionales de “bous al carrer”. Este hecho nos llevó a ser escuetos en la propuesta de jardinería y arbolado trabajando a tres niveles: plantas autóctonas en jardineras, un arbolado de talla corta, y unas palmeras de porte mayor. No satisfechos con esto se pensó en diseñar, aunque de manera abstracta, unas alfombras de cerámica. Estas alfombras cerámicas se diseñaron con colores pixelados que tratan de que el inconsciente te traslade mentalmente al entorno inmediato de los campos de cítricos y las palmeras que sirven de hitos del territorio.

El mobiliario urbano, como las jardineras y las bancadas, también han sido diseñados completamente para conjugar con el resto de la plaza con dos materiales básicos, acero y cerámica.

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