Edificio de oficinas 1905

Edificio de oficinas 1905

 
Ubicación: Gran Vía Marqués del Turia. Valencia
Arquitecto: Fran Silvestre Arquitectos
Equipo de proyecto: Fran Silvestre
María José Sáez
Fran Ayala
Jordi Martínez
Colaboradores: Maria Masià
Estefanía Soriano
Pablo Camarasa
Adrián Mora
Sandra Insa
Santi Dueña
Ricardo Candela
David Sastre
Sevak Asatrián
Álvaro Olivares
Eduardo Sancho
Esther Sanchís
Vicente Picó
Ruben March
Jose Manuel Arnao
Gemma Aparicio
Sergio Llobregat
Rosa Juanes
Alessandro Santapà
Paz García-España
Juan Martínez
Neus Roso
Arquitecto técnico: Pedro V. López
Diseño interior: ALFARO HOFMANN
Constructor: Construcciones Faios
Ingeniería: SID, Sami Hawash
Superficie construida: 3.160 m2
Fotografías: Diego Opazo

Existe un placer distinto en restaurar un objeto antiguo. Pongamos por caso un viejo flexo de los que se empleaban en las mesas de dibujo de las oficinas técnicas. Primero entenderlo, desmontarlo con cuidado, limpiar las piezas oxidadas, volverlo a pintar, cromar los elementos que lo requieran, sustituir el viejo cable por uno que resista el nuevo voltaje y hacer lo mismo con el portalámparas y el interruptor , buscar en sitios insospechados un muelle que sustituye a uno estropeado. Interviniendo únicamente donde es necesario se dota de una nueva vida a un objeto que se muestra cien años después listo, como recién fabricado.

La misma actitud hemos empleado en este edificio de 1905 que es una muestra de la arquitectura valenciana de comienzos del siglo XX, está situado en el primer ensanche de la ciudad y fue proyectado por el arquitecto Antonio Martorell, quien fue considerado como uno de los más destacados de su época. El objetivo era transformar la sede de una histórica compañía valenciana que buscaba reformar sus instalaciones para adecuarlas a los cambios tecnológicos vividos en los últimos años. El edificio fue concebido inicialmente como un edificio de viviendas, aunque desde sus orígenes se utilizó para albergar la sede de esta empresa.

Había que entender el funcionamiento del edificio, que se encuentra en un chaflán característico del ensanche. Martorell lo resolvió hábilmente colocando las zonas húmedas y los patios de servicio en las medianeras. El la parte central de la planta se dispusieron la escalera y el patio central. La fachada cuenta con una composición de tres paños rectos, mientras que los elementos curvos del chaflán fueron resueltos por el arquitecto mediante elementos de carpintería, una solución que ya había utilizado en algunos conocidos edificios de la Calle de la Paz, o incluso en la misma Gran Vía de Valencia. En sección la planta baja y la primera eran consideradas plantas nobles, mucho mas cómodas en una construcción que carecía de ascensor y con mayor altura libre. Posteriormente se encontraban tres plantas con las mismas características y finalmente una última planta que se empleaba principalmente para almacenamiento. Con el paso del tiempo y las necesidad de ampliar el espacio se fueron anexionando engalabernos con los edificios colindantes.

Respetando esta distribución se disponen los despachos cerrados y los núcleos húmedos adosados a las medianeras. El resto del espacio se emplea como oficina paisaje, repartiendo los departamentos en las distintas plantas. El patio central se aprovecha parcialmente para ubicar el necesario ascensor. La escalera protegida se rehabilita íntegramente para devolverla a su estado original. La entrada de carruajes de la planta baja se utiliza para ubicar la recepción y en la planta noble se ubican los despachos de dirección. En la planta quinta se habilita una terraza exterior que se disfruta por la planta representativa del edificio. En este nivel se redefinen los huecos de fachada con una mayor libertad para aprovechar el soleamiento, mientras la fachada del edificio se mantiene con la composición original mejorando las condiciones técnicas de los acristalamientos.

De este modo el edificio cuenta con una visión renovada y una nueva vida útil mas acorde con su uso, integrándose en la trama en la que fue proyectado. Nos permite imaginar la ciudad en la que se construyó hace más de cien años. Al igual que en el caso del viejo flexo nos acerca a pensar como se vivía en aquella época y a suponer los cambios futuros y las transformaciones que para mantener a la ciudad y al edificio activos están por venir.