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 Casa Ripollés-Manrique.

 
Ubicación: Calle Andrómeda, Urbanización Montornés. Benicassim
Arquitecto: Teo Hidalgo Nácher
Arquitecto técnico: Felipe Garcia Amat
Constructor: Construcciones Sebastià
Promotor: Alejandro Ripollés. Isidro Manrique
Superficie de parcela: 1.150 m2
Superficie construida: 430 m2
Presupuesto: 253.000 €
Año proyecto: 2007
Año construcción: 2009
Fotografías: José Hevia

El terreno se encuentra rodeado de pinos en una urbanización aislada, que comenzó a construirse en los años setenta, cercana al pueblo de Benicàssim (Castellón) y al castillo de Montornés. Lo más destacado del paraje son las vistas.

La parcela, de pendiente pronunciada y geometría irregular, se sitúa en la parte alta de un promontorio encarado al mar ocupado por la urbanización de Montornés. El acceso principal viene condicionado por la vía pública situada en la parte superior.

El proyecto nace de las propias dificultades del terreno que, más que constituirse en un problema, han orientado la labor del arquitecto. Siguiendo las alineaciones impuestas por el perímetro de la parcela, las dos casas se adosan con la voluntad de no ser más que una.
La configuración en planta, que pretende optimizar el uso del espacio en la parcela, deriva en parte de las ordenanzas, las cuales dictan separarse tres metros de la medianera este (lindante con otra parcela vecina sin edificar) y cinco metros del linde oeste (que limita con un paso peatonal).

Su relación con el exterior viene marcada por una serie de deseos expresados por los propietarios y el arquitecto: la voluntad de mantener la privacidad de las casas al tiempo que se abren al paisaje lejano del mar y de la plana; de gozar de una buena iluminación y ventilación natural, así como de amplios espacios de uso común bien comunicados con el jardín; de no modificar los valores del entorno inmediato considerados de interés –en este caso, la vista del mar desde la calle de acceso a norte– y de construir con criterios de economía y calidad utilizando el menor número de materiales posibles.
Una serie de espacios de transición entre el interior y el exterior –muy comunes en la arquitectura popular mediterránea– se encargan de resolver la relación de las casas con el exterior. A través de ellos las casas se regulan, los interiores se amplían mediante puertas correderas de vidrio, las ventanas pasan a ser huecos y los huecos se dilatan para dar lugar a rincones, espacios que pueden ser habitados y dar cabida a usos inesperados.

Las casas se explican en su recorrido, desde la calle exterior –el horizonte y las cubiertas–; en el acceso principal, tras el muro de contención de hormigón armado, descubrimos los patios. Una vez dentro, bajamos y damos vueltas alrededor de la escalera. Detrás, el patio es ahora un lucernario; delante, la terraza cubierta; a los laterales, dos jardines; a lo lejos, el paisaje…
El terreno queda dividido en dos niveles principales por un muro de contención de hormigón armado que separa la zona de acceso –a norte – del jardín situado en la planta baja. A él se adosan los accesos a las viviendas, las salas de máquinas en planta baja y los dos patios que hacen a su vez de gran lucernario y permiten la ventilación cruzada de las casas.

Desde el comienzo del proyecto ha habido un continuo diálogo entre los técnicos y los propietarios, así como un estricto seguimiento de obra, lo que ha permitido cambiar aspectos del proyecto in situ y redefinir detalles durante el proceso de construcción.

El deseo expresado por los propietarios de tener una sala de estar abierta al jardín motivó la distribución de los espacios destinados a usos más privados en la planta primera (acceso), mientras que las zonas de uso cotidiano se colocaron en la planta baja en relación directa con los espacios exteriores.
El acceso principal queda situado en la planta primera, ocupada por las zonas de uso privado: tres dormitorios, dos baños y un estudio. Unos escalones cubiertos separan el forjado de esta planta de la solera exterior de hormigón visto que da acceso a las casas desde la calle. La planta baja se ha pensado como un espacio diáfano que se abre al patio trasero, a los jardines laterales donde están las barbacoas y a la terraza frente a la casa. Esta última –que debía de construirse sobre un aljibe que recogía el agua de las cubiertas– está parcialmente cubierta por un voladizo que la protege del sol. Esta planta alberga por una parte la sala de máquinas –que separa las casas del muro de contención de hormigón armado– y las zonas de uso común: aseo, despensa-lavadero, cocina y sala de estar-comedor.

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